
En esta obra quise mostrar la lujuria como un impulso que desborda los límites de la razón. No se trata solo del deseo, sino de esa fuerza que seduce, domina y consume. La imagen sugiere una atracción que nace en lo profundo, casi instintiva, donde lo prohibido se vuelve irresistible. Quise retratar ese instante en el que la pasión se convierte en pecado.