La pantalla de televisión tiene un poder innegable: informa, entretiene y moldea la percepción de la realidad. Su influencia se extiende más allá del hogar, configurando opiniones, estereotipos y conductas. En un mundo saturado de imágenes, la televisión no solo muestra lo que sucede, sino que muchas veces dicta cómo debe ser interpretado.
Yo entiendo la televisión como un medio de control y manipulación, pero también como una herramienta de expresión. Muchas de mis obras frecuentemente incorporan televisores en el cuerpo humano, sugiriendo la fusión entre la tecnología y la mente. Retomado esta idea, coloco televisores en la cabeza de figuras humanas, simbolizando cómo los medios influyen en el pensamiento, mostrando lo que “vemos” o incluso lo que nos imponen pensar. A través de estas intervenciones, se invita al espectador a cuestionar el poder de la imagen y la realidad que consume a diario.