El guardián del tiempo

La pieza nos presenta una figura poética de un hombre sentado con una escopeta, pero en la pantalla no vemos imágenes de consumo masivo, sino símbolos  del paso del tiempo.

El arma en las manos habla de violencia, control y resistencia; el televisor en la cabeza, de manipulación y pérdida de identidad. Sin embargo, dentro de la tele no hay propaganda, sino tiempo, sugiriendo que nuestra verdadera batalla no es solo contra la violencia externa, sino contra la erosión inevitable de la existencia y nuestra percepción de ella. De su cuello emergen flores, como un recordatorio de la vida y la fragilidad.

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