
En esta obra quise representar la ira como una fuerza que se enciende y se contiene al mismo tiempo. Por eso, aparece un cóctel molotov: una imagen directa de desacuerdo, choque y tensión acumulada. Ese fuego interno, listo para encenderlo todo, convive con la quietud del cuerpo y las manos entrelazadas, como si el exterior intentara ocultar lo que por dentro arde sin descanso. Las flores en la superficie son un contraste intencional: la apariencia de calma rodeando una furia que, tarde o temprano, busca salir.