
En esta obra quise retratar la entrega a la pereza: sin resistirse al descanso. El televisor simboliza la mente en pausa, divagando sin rumbo, atrapada en la comodidad del no hacer. Las flores, delicadas y fuera de lugar, representan esa belleza inesperada que a veces nace del simple acto de detenerse y no luchar contra el letargo